Ciudad del Diablo – leyenda y maravilla natural

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Al final del camino, comienza la historia

La Ciudad del Diablo no es un lugar al que se llega por casualidad; se llega a él como a una historia que alguien te contó hace mucho tiempo y que deseas volver a vivir. Se encuentra en el sur de Serbia, en las laderas del monte Radan, dentro del territorio del pueblo de Đake, a unos 27 kilómetros al sureste de Kuršumlija, a 89 kilómetros de Niš y a unos 288 kilómetros de Belgrado.

No es solo un punto en el mapa, sino una escena que despierta de inmediato la curiosidad y una sonrisa, como si la naturaleza hubiera decidido mostrar aquí su lado más imaginativo. Se llega al lugar girando en Sastavci desde la carretera Niš–Kuršumlija–Priština, luego por una estrecha carretera asfaltada hasta el pueblo de Zebice, y más adelante hasta la entrada del área protegida, desde donde hay que caminar unos 900 metros hasta el mirador. Y precisamente esos últimos cientos de metros se recorren más despacio —no por cansancio, sino porque cada paso te acerca a una vista que parece salida de una antigua historia conocida.

Sombreros de piedra y figuras de tierra

En el centro de este paisaje se alzan 202 figuras de tierra, de entre 2 y 15 metros de altura, distribuidas en las gargantas del Diablo y del Infierno como un grupo inusual detenido en medio de una conversación. Con sombreros de piedra en la cima, estas formaciones parecen haberse reunido en un antiguo consejo de la naturaleza y haber permanecido allí para guardar su secreto.

La ciencia explica que se formaron por una erosión prolongada: la lluvia arrastró la capa suelta del suelo, mientras que las piedras protegían la tierra debajo de ellas. Sin embargo, lo que las hace realmente especiales es que siguen cambiando hoy en día —crecen, se transforman y desaparecen— convirtiendo la Ciudad del Diablo en una maravilla natural viva.

Precisamente por eso este sitio fue candidato de Serbia para las Nuevas 7 maravillas de la naturaleza, donde se situó entre los 77 mejores del mundo y como el candidato europeo mejor posicionado en su grupo. Algunos lugares conquistan por su belleza, otros —como este— por una historia que se queda contigo durante mucho tiempo.

Pero la Ciudad del Diablo no sería lo que es si pudiera explicarse solo con la ciencia. Desde siempre, la gente ha visto en estas figuras algo más: una historia, una advertencia, una creencia que perdura.

La leyenda más conocida cuenta que el diablo preparó “agua del diablo” para hacer que los habitantes olvidaran sus lazos de sangre, y, aturdidos, decidieron casar a un hermano con una hermana. El hada protectora de la región intentó evitar la tragedia y, al no conseguirlo, rezó a Dios para detener el sacrilegio; en ese momento, el cielo y la tierra se unieron, sopló un viento frío y los invitados de la boda, junto con los novios, quedaron petrificados para siempre.

Otra leyenda, igualmente poderosa y más cercana a la vida cotidiana, dice que las figuras representan demonios petrificados de los que las personas se liberaron tras pasar una noche junto a la iglesia de Santa Petka.

Como toda buena historia, estas leyendas hablan más de las personas que de la piedra —de la fe, la esperanza y la necesidad de encontrar un lugar donde uno se sienta más ligero y más cercano a sí mismo.

Leyendas que inspiran

Aguas rojas, silencio sagrado y una iglesia de madera

El encanto especial de este lugar se ve reforzado por fenómenos naturales que acentúan aún más su singularidad. El agua del Diablo, extremadamente ácida y rica en minerales, y el Manantial Rojo, que da al suelo su característico tono rojizo, parecen detalles de una misma imagen natural inusual pero fascinante.

Cerca se encuentra también la iglesia de madera de Santa Petka —modesta, tranquila y armoniosa, casi tímida ante una maravilla natural de tal magnitud. Se cree que ayuda a quienes llegan con deseos y esperanza, por lo que los visitantes aún hoy dejan rastros simbólicos de sus deseos, en una atmósfera que invita a la paz y al equilibrio interior.

Así, en la Ciudad del Diablo, en un espacio reducido, se encuentran tres Serbias: la de piedra, la de las leyendas y la que aún cree que la naturaleza no es solo un paisaje, sino un diálogo entre el ser humano y algo más grande que él. Por eso, no se abandona este lugar solo con fotografías, sino con la sensación de haber visto por un instante cómo el mito y la geografía se miran cara a cara.

Después de recorrer esta maravilla natural única, los visitantes pueden hacer una pausa en el restaurante dentro del sitio, donde los platos tradicionales ofrecen un cierre cálido y completo a la experiencia. Porque en la Ciudad del Diablo incluso el descanso tiene un sabor especial —uno que se recuerda y al que se regresa con gusto.

*Translation powered by AI

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