Cultura

El rico patrimonio cultural de Serbia es esencial para comprender la espiritualidad y la cultura humanas, tanto europeas como globales. Los vestigios de una cultura prehistórica hallados en Lepenski Vir, datados en el año 7000 a. C., le han valido a este yacimiento arqueológico el sobrenombre de «cuna de Europa».

Con el tiempo, a la cultura de Lepenski Vir le sucedieron las culturas neolíticas de Starčevo y Vinča, como lo demuestran los restos de edificaciones, herramientas, armas y objetos domésticos, que también dan testimonio de la enorme importancia del Danubio para el desarrollo de los pueblos prehistóricos. Situada en el mismo límite del Imperio romano, Serbia fue escenario de grandes batallas tanto para la expansión del Imperio como para su propia supervivencia. Prueba de ello son los numerosos restos de ciudades y caminos construidos durante más de seis siglos de dominio romano en esta región, así como el hecho de que nada menos que 16 emperadores romanos nacieron en el territorio de la actual Serbia.

Debido a la relevancia de los yacimientos arqueológicos para la comprensión de la cultura y la historia romanas, los sitios romanos antiguos de Serbia forman parte de las Rutas Culturales del Consejo de Europa, y los restos del monumental palacio romano Félix Romuliana han sido declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La vida espiritual y cultural de la Serbia medieval se desarrollaba en el seno de la Iglesia, razón por la cual los numerosos monasterios cristianos ortodoxos del país se encuentran entre los monumentos más importantes de la época. Construidos entre los siglos XII y XVII, bien conservados y ricamente decorados con algunos de los frescos más bellos de su tiempo, los monasterios serbios constituyen un segmento fundamental del rico mosaico no solo del patrimonio cultural serbio, sino también del patrimonio cultural mundial.

Debido a su enorme importancia cultural e histórica, tres complejos monásticos (Stari Ras con Sopoćani, el monasterio de Studenica y un conjunto de monasterios en Kosovo y Metohija) han sido declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO.